martes, 21 de agosto de 2012

LA MAÑOSA POLÍTICA MEXICANA


COLUMNA
CHICOTAZOS



AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS


FREDDY SECUNDINO S.

El inminente fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) con la declaratoria de Presidente electo para Enrique Peña Nieto me lleva a retomar algunos extractos del libro Derecho de réplica. Revelaciones de la más grande pantalla política en México (Grijalbo, 2009), del ínclito Carlos Ahumada, ¿lo recuerdan?
         Sí, el otrora “dueño” del equipo de futbol León, el propietario del fallido diario El Independiente, el responsable de destapar en videos (en marzo de 2004) las corruptelas de los perredistas René Bejarano, Carlos Ímaz, Ramón Sosamontes y Gustavo Ponce. Los tres primeros recibiendo dinero a manos llenas de parte de Ahumada, en la oficina de éste, y el último derrochando dinero en un casino de Las Vegas.
         El ex novio (¿amante?, ¿amigovio?) de la ex dizque izquierdista y ahora ultra-archi-recontra-convencida peñista-priista Rosario Robles, el dudoso empresario millonario que se alió con Vicente Fox, Carlos Salinas, Diego Fernández de Cevallos y una que otra alimaña similar, si bien se victimiza y recurre al martirologio en su mamotreto en el que cuenta los mil 131 días encarcelado en el reclusorio norte del DF, deja muchas pistas sobre el modo de hacer política en México y las mañas de quienes enferman de poder en este burlado país.
         Los extractos que aquí se consignan textuales tienen que ver con esa clase de mexicanos y mexicanas que son capaces de hacer cualquier cosa, por encima de quien sea y lo que sea, con tal de conseguir un puesto público u otro privilegio. Para ello, no importa con quién hay que aliarse. Ni importa la ideología. No hay escrúpulos. Y sobran la hipocresía y el cinismo.
         Podrá creerse o no el dicho del susodicho que lo escribe, pero no se podrá negar que, independientemente de los hechos que consigna como verdades, las coincidencias no se parecen a nuestra realidad…, ¡son nuestra triste realidad!, y quien no lo acepte así, una de dos: o siente culpa por alusión o son excelsas su insensatez y su cinismo, dígase político(a), funcionario(a) electoral, empresario(a), periodista o ciudadano(a) “de a pie”.
         Y a propósito de las ya conocidas declaraciones del magistrado presidente del TEPJF (“nadie podrá ganar en la mesa lo que no obtuvo en las urnas”), Alejandro Luna Ramos, en referencia a la impugnación del Movimiento Progresista y su exigencia de anular la elección presidencial, comenzamos con lo que de él dice Ahumada acerca de sus convenios políticos. Quizá esto dé una guía sobre su actuación en el proceso electoral actual y su voto en la calificación de la elección presidencial, mismo que será, insisto, para validarla y declarar a Enrique Peña Nieto Presidente electo.
         Más adelante, cito lo correspondiente a la ahora orgullosa peñista-priista Rosario Robles y su alianza con Carlos Salinas para dar a conocer los mencionados videos, los favores que le pidió al ex presidente, así como la participación de Enrique Peña Nieto en el caso.

ASÍ SE HACE JUSTICIA

“Le pedí a Ceci que llamara a algunos de mis supuestos amigos; en general, la veían o le contestaban el teléfono una vez y nunca más. No le resolvían ningún tipo de problema. Así ocurrió con Alejandro Luna Ramos, hoy magistrado del Trife, con quien compartí por más de 10 años un sinfín de reuniones y fiestas en su casa y en la mía.
         “Cuando sucedió el problema, Ceci acudió en nombre de la amistad que teníamos a pedirle ayuda, ya que él y sus hermanos Carlos y Margarita eran magistrado de circuito, magistrado del Tribunal Colegiado y ministra de la Suprema Corte de la Nación, respectivamente. Sólo les pedíamos su apoyo para que se respetara la ley al tratar mi caso, que se aplicara la ley a secas.
         “Lo único que consiguió Ceci de su parte fue un trato muy frío y cortante. Alejandro le dijo cínicamente que un vaso de agua y una orden de aprehensión no se le negaban a nadie; que veía mi situación muy difícil y que no había nada que él pudiera hacer. Por su parte, Margarita se negó a recibir a Ceci personalmente.
         “Quiero abundar aquí sobre mi relación de amistad con Alejandro. Habíamos estrechado lazos entre nuestras familias. Con doña Gloria, su esposa, así como con sus tres hijos, compartimos todos los 15 de septiembre durante muchos años, así como otras fiestas que él celebraba en su casa. Allí fue donde conocí a su adorable madre, que era una señora muy alegre, muy positiva, irradiaba mucha energía, y a Carlos y a Margarita, los hermanos de Alejandro.
         “Margarita Luna Ramos, por cuestiones de esas inexplicables que tiene la vida, gracias en gran parte a mi intervención y a la negociación de los famosos videoescándalos, logró llegar a ser ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En enero de 2004, un fin de semana, un sábado, llegó Alejandro a mi casa y me preguntó cómo era mi relación con Diego Fernández de Cevallos. No sé cómo, pero de algo estaba enterado. Le dije que en esos momentos creía que era buena y entonces me comentó que su hermana Margarita había sido propuesta para ocupar el lugar de ministra de la Suprema Corte, como relevo de Juventino Castro.
         “El 2 de diciembre, la fracción del PAN en el Senado, encabezada por Diego, no había aprobado su nombramiento, a pesar de contar con el apoyo del PRI y del PRD. La terna había sido devuelta al presidente Fox, quien estaba obligado a presentar una nueva.
         “Alejandro consideraba que en la nueva propuesta seguramente iría nuevamente su hermana Margarita y por ello quería contar con el apoyo de Diego y, por lo tanto, del grupo en el Senado del PAN. Le dije que me dejara ver qué podía hacer, que si veía a Diego –yo sabía que lo iba a ver por el asunto de los videos– se lo plantearía.
         “Sin embargo, era tanto su deseo de conseguir el apoyo de Diego a través mío, que con el pretexto de que viera la remodelación de su casa, obra que me había pedido que realizara y para la que ya se tenían el proyecto y los planos hechos, me pidió que ese mismo sábado fuera a su casa ubicada en la calle de Sargazo número 118, en la colonia El Rosario, en Coyoacán.
         “Fui aproximadamente a las 3 de la tarde, vimos los detalles y confirmé que se trataba de un mero pretexto para que fuera a su casa. Alejandro subió a la planta alta y me mandó a decir con su esposa, doña Gloria, que si podía subir porque justo había hablado su hermana Margarita al celular de Alejandro y que el aparato no se escuchaba bien en la planta baja.
         “Subí y Alejandro me dijo que Margarita me quería saludar por teléfono; me la pasó, la saludé, hablamos dos o tres minutos, en los cuales me agradeció de antemano cualquier gestión que pudiera realizar con el llamado Jefe Diego para lo de su ratificación como ministra de la Suprema Corte. Le dije que no tenía nada que agradecer, porque yo no sabía si podría lograr algo, pero que haría mi mejor esfuerzo.
         “Salí de la casa de Alejandro e inmediatamente le hablé a Diego y le pregunté si lo podía ver; me dijo que fuera en ese mismo instante a su casa. Eran los días en que nuestra relación estaba en su mejor nivel, al grado de que sentía que en esos momentos podía pedirle un rib eye fresco de Sonora y él lo mandaría traer de inmediato en avión para la cena, con el fin de que yo estuviera contento con él. Por supuesto que nunca se me ocurrió y nunca lo hice.
         “Lo que sí hice fue plantearle la situación y pedirle el favor de que apoyara a Margarita Luna Ramos para ser ministra. De entrada, me dijo que era una señora muy conflictiva y pagada de sí misma, pero luego añadió: ‘Bueno, dentro de la relación que estoy teniendo contigo y como una muestra más de mi apoyo hacia tu persona, está bien, la voy a apoyar’.
         “Le pregunté si me podía comunicar con Alejandro para comentarle su respuesta, y aceptó. Llamé a Alejandro, le dio mucha alegría, me dijo que jamás en la vida me lo podría pagar y me dio el número del celular de Margarita para comunicar a Diego con ella.
         “Acto seguido los comuniqué, quedaron en desayunar el lunes siguiente y lo último que supe, por los medios de comunicación, fue que el 19 de febrero de 2004, Margarita Beatriz Luna Ramos fue nombrada ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con el apoyo del Jefe Diego y la mayoría de los senadores del PAN, a pesar de que al interior de la bancada se le cuestionó a Fernández de Cevallos por qué el PAN tenía que apoyar a Luna Ramos, cuando en diciembre no lo habían hecho.
         “Después, cuando yo estaba preso y las autoridades del GDF abusaban de su poder para pervertir el curso de la justicia en todos mis procesos, Alejandro Luna Ramos se desentendió de mí, de nuestra amistad, cuando lo único que le pedía era su apoyo para que mi caso fuera tratado en los tribunales con el más elemental apego a derecho”.

ROSARIO ROBLES, SALINAS Y PEÑA NIETO

“En septiembre de 2003 realicé un viaje a Londres para que pudieran hablar personalmente Rosario Robles y Carlos Salinas. A Salinas le interesaba mucho hablar con Rosario, y ella, después de todos los intentos que había hecho para solucionar el problema financiero que tenía el PRD –del cual una parte muy importante era lo que me debía a mí, además de que le debía todavía a muchos prestadores de servicios, entre ellos Televisa, y por lo cual había renunciado en agosto a la presidencia del PRD–, creía que con Carlos Salinas podía resolver este asunto. Comenzaron a enviarse mensajes a través de mí.
         “Ella tenía terror de ver a Carlos Salinas en México, pero aceptó verlo fuera del país y se decidió que fuera en Inglaterra, en Londres. Cabe señalar que después de vernos con Salinas en el extranjero, Rosario y yo nos reunimos en varias ocasiones con él en México.
         “El 8 de septiembre de 2003 viajamos en el avión de mi propiedad, de México a Houston, donde pasamos migración. Ese mismo día viajamos de Houston a Nueva York y ahí tomamos un vuelo comercial de American Airlines a Londres (…) Carlos Salinas pasó por nosotros al hotel, nos pidió que estuviéramos en el lobby, y ahí nos recibió con su esposa Ana Paula. Nos saludamos, nos subimos a su coche, él mismo manejaba, y fuimos a cenar a un restaurante muy bonito.
         “Fue una cena muy amena donde se tocaron muchísimos temas, entre ellos, inclusive, la modificación de un artículo de la ley para que Rosario pudiera, ahora por la vía de la elección, ser nuevamente jefa de Gobierno. En ese entonces, Rosario ya sabía que no podía competir por la Presidencia de la República (páginas antes de esta cita, Ahumada afirma que Rosario Robles estaba “¡¡¡ob-se-sio-na-da!!!” con ser Presidenta del país), pero consideraba, y así también lo creía yo, que tenía muchas posibilidades de presentarse a una elección por la jefatura de Gobierno del Distrito Federal y ganarla, pero para eso necesitaba resolver ese escollo. Salinas se comprometió con ella a hacer todo lo que estuviera a su alcance para poder modificarlo, con los votos del PRI e inclusive algunos diputados del PRD.
         “Se abordó el tema de la deuda. Salinas dijo que apoyaría en todo lo que pudiera para conseguir los recursos para pagarla; que hablaría con Roberto Andrade y Arturo Montiel, en ese entonces gobernadores de Tabasco y el Estado de México respectivamente, y con Enrique Peña Nieto, quien en aquel entonces era prácticamente un desconocido a nivel nacional. También aseguró que vería el asunto con otros mandatarios estatales y con la maestra Elba Esther Gordillo, la líder del sindicato magisterial.
         (…)
         “De los viajes a Londres y Cuba surgió otra reunión, que resultó ser decisiva para lo que se dio en llamar los videoescándalos. Para ese entonces, noviembre de 2003, Rosario ya no tenía tanto temor de ver a Salinas en México, por lo que aceptó verlo en su casa de Camino a Santa Teresa.
         “Tomamos todas las precauciones del caso para que nadie se percatara de que Rosario lo vería en su casa.
         (…)
         “Al rato de haber iniciado la reunión, abordamos el tema por el cual íbamos: enseñarle uno de los videos de Bejarano y el de Ímaz, el cual cabe señalar había sido elegido por él de entre los muchos nombres que yo le había mencionado. Yo los llevaba en un disco compacto. Para verlos, nos pidió que pasáramos nuevamente a la biblioteca. Rosario nos dijo que fuéramos nosotros y que ella nos esperaba abajo, que no quería tener nada que ver con ese tema. Su actitud era ridícula, ya que ella incluso había participado en la edición y selección del material.
         “Subimos. Salinas prendió su computadora, puso el disco y comenzaron a aparecer las imágenes de Bejarano en la pantalla. Debo confesar que durante el tiempo que lo traté, nunca lo vi tan emocionado: le brillaban los ojos y sonreía. Dijo algo así como: “Es muy, muy duro, devastador. Con esto están acabados”. Aunque hacía todo por disimular su emoción, ésta lo sobrepasaba.
         “Después puso el de Carlos Ímaz, al que ya no le prestó tanta atención, aunque también le pareció muy bueno, y bajamos a reunirnos con Rosario. Él había quedado totalmente complacido con la muestra que le había dado, tan es así que la reunión se alargó hasta las 5 de la mañana, acompañada de varias botellas del vino francés que nos ofreció.
         (…)
         “En la madrugada, antes de despedirnos, surgió una de las escenas más impactantes que he visto en mi vida. Salinas le mostró su biblioteca a Rosario. Había condecoraciones y fotografías, entre otros recuerdos. Cuando llegamos a la vitrina donde conserva sus bandas presidenciales, Rosario le comentó que debía de ser un gran honor y un orgullo portar la banda presidencial. Salinas inmediatamente tomó una escalerita para poder subir a abrir la vitrina y sacó una de las bandas presidenciales. Yo creía que nos la quería mostrar, y en efecto así lo hizo, pero no fue sólo eso, sino que la tomó y se la puso a Rosario cruzándole el pecho y le dijo: ‘Te luce muy bien’”.

EL COMPLOT DEL “VIDEOESCÁNDALO”

“Como lo mencioné, Carlos Salinas me dio dinero a cambio de los videos. Antes de entregárselos, me hizo llegar aproximadamente 35 millones de pesos. Me los entregaron Manuel Andrade, entonces gobernador de Tabasco, Arturo Montiel, entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, entonces diputado del PRI en el Estado de México, Elba Esther Gordillo y Jorge Kahwagi, el boxeador y en ese entonces diputado verde. Entre todos ellos me entregaron esa cantidad de dinero. Diego Fernández de Cevallos me hizo un primer pago, a cuenta, por la cantidad de 33 millones el día 19 de febrero de 2004. Fue depositado de alguna de sus cuentas bancarias a Nueva Perspectiva Editores, la empresa que editaba El Independiente.
         “Repito que el dinero que recibí de Salinas era, por decirlo así, para comprar la deuda que el PRD tenía conmigo; pero en realidad fue más para pagar las deudas que todavía tenía el PRD que para pagarme a mí. Como lo señalé anteriormente, en su gestión como presidenta del PRD, Rosario había endeudado mucho al partido con tal de ganar las elecciones de 2003 y levantar la votación”.






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