lunes, 19 de marzo de 2012

PRESIDENCIABLES 2012

COLUMNA

CHICOTAZOS

Presidenciables: sólo buenos deseos

FREDDY SECUNDINO S.

Los tres principales candidatos a la Presidencia de la República intentan demostrar que afilan bien sus espolones para la contienda del 1 de julio de este año, pero la realidad nos indica que no pasan de polluelos y como tal continúan dando ejemplos de que los electores seguimos en la desgracia de padecer la falta de un ciudadano con estatura de Jefe de Estado.

Salvo a Andrés Manuel López Obrador, a los otros dos con posibilidades de ganar -Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota- parece no importarles en lo más mínimo que más del 20 por ciento del electorado (según diversas encuestas) aún no sabe por quién de ellos votará y, peor aún, ni siquiera está convencido de acudir ante las urnas. Y es probable que sean éstos quienes decidan quién gane.

¿Cómo convencer a los electores, si la mayoría de sus discursos son obesamente repetitivos, pero anoréxicos en su contenido? Tal vez estén convencidos de que el grueso de quienes votan –inclusive, muchos de nivel universitario- no están al tanto de la vida política nacional porque ésta no les interesa y suponen que su papel ciudadano termina al votar. Cada seis años gana quien, al parecer, dice lo mismo que los demás, pero quizá “más bonito”.

¿Podría entenderse de otro modo, si quienes han sido electos en los últimos sexenios –al menos los tres más recientes- no han sido iguales, sino que uno supera en mediocridad a su antecesor?

Es doloroso y lamentable, por decirlo con palabras suaves, pero muchos votarán por Vázquez Mota sólo por ser mujer, otros tantos prefieren a Peña Nieto “por guapo”, y otros más no quieren a AMLO porque “ya está viejo”. Así de simple y decepcionante es la decisión del voto en este narcopaís.

Frases viejas y repetidas hasta el cansancio

¿Qué porcentaje de los hasta ahora supuestamente encuestados puede hacer un análisis elemental de cada uno de los candidatos? Y no es que necesariamente se pida que todos los electores sean doctos en política o que entiendan la realidad nacional. ¿Cuántos cambiarán su voto porque los convencerán las propuestas de cada presidenciable? Los habrá, claro, pero –como siempre- será una minoría.

Estos detalles –ni mínimos, ni mucho menos sin importancia- poco o nada le importa a nuestra clase política. Sabido es que un pueblo mientras menos crítico es menos peligroso. O sea, más fácilmente manipulable. Tal vez por eso (bien podríamos darlo como certeza), los políticos se despreocupan de desgranar en sus discursos proselitistas sus qué y cómo hacer lo que México requiere para salir de la endémica crisis político-económica y crecer.

De lo dicho por los tres “grandes” en su protesta como candidatos –y lo dicho antes- hay poco qué rescatar. No salen de frases hechas y fáciles, de los lugares comunes, de los buenos propósitos, de insistir en lo que los medianamente informados ya saben, pero limitados a conceptos trillados. Y millones de mexicanos esperan al menos un dejo de vergüenza en ellos.

Que tengan lo que siempre se pide, un poco de sinceridad, lo más natural y real: que señalen problemas y digan cómo resolverlos; o que acepten que los gobiernos de sus correligionarios (federales o estatales, según sea el caso) han cometido errores y precisen cuáles.

Pero no, se quieren hacer ver inmaculados y los que cometen pifias al gobernar son los adversarios. ¿Por qué cada quien dice que hará lo que “el pueblo” espera de su gobierno? ¿Por qué coinciden en que México debe tener gobernantes que lo saquen de la crisis económica? ¿Que nos merecemos un país con libertades, democrático, justo, educado, sin pobres, sin violencia, sin desempleo, sin carestía, con buenos salarios, etc. etc. etc.?

Vázquez Mota y el pan con lo mismo

Josefina Vázquez Mota –ese espejismo a quien el gobierno federal y sus publicistas pretenden ilusamente ponerla en la cima de las encuestas y que la veamos como la redentora nacional y la política que todo país envidiaría- ya tiene los pies como coladera de tanto darse balazos ella misma (válgase la sicaria metáfora en tiempos tan violentos), pues en su protesta como candidata del Partido Acción Nacional (PAN) en el despintado Estadio Azul dijo que hará un México sin pobreza ni razagos, con paz, justicia y seguridad, y sin violencia ni corrupción.

Tal parece que ninguno de sus asesores le dijo antes de tomar el micrófono que no mencionara tales carencias porque tanto Vicente Fox como Felipe Calderón prometieron lo mismo, con las mismas palabras, durante sus respectivas campañas proselitistas, y ambos pasarán a la historia porque “lograron” lo mismo: acrecentar más esos problemas.

Quizá fue por eso que miles de incautos acarreados al estadio –como es natural en nuestro iletrado pueblo, muchos ni siquiera sabían porqué estaban allí-- le hicieron el feo y se salieron, inclusive, mientras ella hablaba al micrófono… y no precisamente el intenso sol, como en un principio algunos dirigentes panistas quisieron explicarlo. O, peor aún: engañados, “sin siquiera” recibir una torta de jamón como las que venden en el Metro, ¡y tener que aguantar una aburrida clase de superación personal!

Peña Nieto, el muñeco del teleprompter

Enrique Peña Nieto, de plano, se voló la barda (y eso que pensábamos que con sus tres libros no leídos ya lo había hecho) al tomar protesta como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Dolores Hidalgo, Guanajuato, sintiéndose la reencarnación de Miguel Hidalgo con cabello negro y engominado. El acto, más que de un aspirante a la Presidencia, será recordado como una parodia televisiva, mal hecha, pero bien producida (quizá fue idea de “La gaviota”, su mujer).

Claro que sus simpatizantes han de estar convencidos de que su discurso –leído en teleprompter, ¡por supuesto!-- fue el del Jefe de Estado que el país está esperando ansiosamente. Con eso de que lo llamó “Los sentimientos del Pueblo de México”…

El político más ilustrado de México --¡y de muuuchos países del primer mundo!--, así como no recuerda tres títulos de libros leídos por él, ese día tampoco se acordó de lo que no hicieron los presidentes priístas y que él sí --¡ahora sí!-- hará desde Los Pinos a partir del 1 de diciembre próximo. Redujo la historia política nacional a 12 años: los gobernados por panistas. Y por eso (dijo) México dice ¡basta ya de mal gobierno!

Subrayó: “Ésta ha sido una etapa de sangre, violencia y muerte… Vivir con miedo y angustia… eso no es vida. México ya no quiere más de lo mismo”. Palabras más, palabras menos, eso repitió Fox –guanajuatense, por cierto-- hasta el cansancio cuando andaba en campaña.

Habrá que preguntarles a los habitantes del estado de México qué hizo Peña Nieto para evitar sangre, violencia y muerte en los municipios mexiquenses donde impera el narcotráfico. Habrá que oír a los familiares de las miles y miles de mujeres violentadas y asesinadas durante su sexenio y cuya muerte sigue impune.

AMLO y su república feliz y sonriente

Por su parte, AMLO, al hacer lo propio como candidato de uno de los partidos que lo postulan (Movimiento Ciudadano), fincó su discurso en criticar, sobre todo, al panismo, pues subrayó que “el triunfo de la derecha, de los conservadores, hoy día es moralmente imposible”. (¿Políticamente, sí es posible?). Y que para evitar que el PAN conserve el poder, es importante “unirnos todos los mexicanos para salvar a México”… Hizo un llamado a la reconciliación nacional.

Por eso les pidió a los militantes de ese partido, reunidos en el teatro Metropólitan, trabajar para convencer “a quienes todavía no deciden cómo van a sufragar en julio”. Ofreció un gobierno que trabajará con honestidad, que luchará por mayores libertades ciudadanas, que habrá justicia para todos y que el país será seguro y feliz. Su proyecto, dijo con certeza, se enfrenta a tres candidatos que representan uno solo. Es decir, se trata de confrontar a la triada (PRI-PAN-Panal) de “más de lo mismo” con el “camino del cambio verdadero” que él encabeza.

Así las cosas, ¿quién de los tres cubre los requisitos elementales para gobernar México? ¿La universitaria con sonrisa mal ensayada de reina de la primavera con especialidad en conferencias de superación personal --con mención honorífica del diplomado Paulo Coelho-- que insiste en que ahora sí ya es tiempo de tener un país justo, democrático y, sobre todo, seguro? ¿El William Levy mexiquense --actor de su propia parodia televisiva-- que sólo con teleprompter o apuntador es capaz de hablar en público más o menos coordinado y fluído? ¿O el costeño redentor de los pobres y nuevo “amiguis” de los ricos y “pirruris” que con el corazón en la mano y, cual Walter Mercado olmeca, nos llenará de amor, mucho mucho amor?

De acuerdo con lo prometido por el consejero presidente del Instituto Federal Electoral, Leonardo Valdés, a las 11 de la noche del día de las elecciones (1 de julio próximo) lo sabremos. Y a festejar o sufrir seis años, según sea el caso.




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